El momento actual de la Argentina, signado por el auge de las ideas de la libertad en el marco del gobierno del presidente Javier Milei, es propicio para precisar algunos alcances por lo general no reconocidos respecto de la noción de libertad.Lejos de su identificación con la ideología conservadora con que se confunde a menudo, el liberalismo concibe al individuo como un fin en sí mismo y jerarquiza el valor de sus derechos y sus capacidades reales y potenciales que son el resultado de su libertad fenomenalizada, una realidad antropológica que elevada a norma constituye una “ética mínima” basada en el efectivo respeto al prójimo y a las consecuencias de la acción humana.Sus fundamentos inmanentes no exigen adhesiones metafísicas debatibles ad infinitum ni la obediencia a doctrinas sustentadas en última instancia en falacias de autoridad, sino el reconocimiento de un único límite en el principio de no agresión, entendida esta última como un daño identificable y sin causa de justificación contra otro ser humano.La ética liberal se define además por la necesaria escisión entre el ámbito privado y el público —que distingue al individualismo del comunitarismo, génesis del intervencionismo colectivista—, anteponiendo al primero, lo que permite desenvolver de forma consistente el proyecto de vida propio y las relaciones de cooperación con los demás. La libertad individual implica para su vigencia derechos civiles y políticos —la vida, la libertad y la propiedad privada, y sus proyecciones particulares—, lo que incluye la potestad irrestricta de elegir, cambiar o abandonar cualquier conjunto de creencias sin sanción o persecución por parte del Estado o de terceros.En términos históricos, el liberalismo nació de la necesidad de frenar la violencia ilegítima del poder absolutista, que invariablemente afecta la libertad por el hecho de desconocer sin remedio la suma de las acciones particulares en el tiempo y el espacio, lo que no puede sino frustrar sus pretensiones de coordinación social.En este contexto, el proceso de secularización —que se define por la creciente separación del Estado de la religión y de las instituciones que la representan— se desarrolló en paralelo al liberalismo moderno y representa el reconocimiento de una condición inherente a la autonomía individual, sin que esta deba quedar supeditada a las creencias de los demás en el plano de lo trascend… Lima, 9 oct (EFE).- La Fiscalía de Perú recuperó los restos de tres jóvenes, dos mujeres y un hombre, que fueron víctimas de desaparición forzada en 1992, tras ataques del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) en la región sureña de Puno, informó este viernes el Ministerio Público peruano.La exhumación y recuperación de restos óseos y elementos asociados, como prendas de vestir, fue conseguida por la Segunda Fiscalía Supraprovincial Especializada en Derechos Humanos y contra el Terrorismo de Puno, a cargo del fiscal Víctor Castillo Revilla.El hallazgo fue efectuado por peritos del Equipo Forense Especializado (EFE) en el centro poblado Paco Pacuni, en el distrito de Limbani, en una zona cercana a la zona selvática de la región.
Según las indagaciones fiscales, los restos al parecer corresponden a dos mujeres, de 18 y 16 años, identificadas como Alejandrina R.S. y M.R.S., y a un hombre de 18 años, identificado como Pedro A.M., quienes murieron por ataques del MRTA el 9 de junio de 1992.Las dos mujeres fueron impactadas por proyectiles de armas de fuego durante un enfrentamiento entre subversivos y militares, mientras que el hombre murió tras la explosión de una granada cuando retornaba para ayudar a sus padres.Los restos fueron trasladados a la Unidad Médico Legal para ser sometidos a exámenes antropológicos, odontológicos y de contexto para certificar sus identidades y las causas de sus muertes, tras lo cual serán entregados a sus familiares.El Ministerio Público señaló que el sistema especializado en Derechos Humanos y contra el Terrorismo "reafirma su compromiso con la búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación humanitaria para los familiares de las víctimas del periodo de violencia en el país".La Comisión de la Verdad y Reconciliación Nacional (CVR) concluyó en su informe final de 2003 que la agrupación maoísta Sendero Luminoso fue causante de la mayor parte de los 69.000 víctimas que dejó el conflicto armado interno que desató contra el Estado peruano desde 1980, en una época en la que también insurgió el marxista MRTA.
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